![]() | "Y el lema Jaungoikoa eta lagizarra [Señor de lo alto y Leyes viejas, o bien, Dios y fueros] (…) iluminó mi mente y absorbió toda mi atención (…) Levantando el corazón a Dios, de Bizkaya eterno Señor, ofrecí todo cuanto tengo y soy en apoyo de la restauración patria, y juré (y hoy ratifico mi juramento) trabajar en tal sentido con todas mis débiles fuerzas, arrostrando cuantos obstáculos se me pusieran de frente y disponiéndome, en caso necesario, al sacrificio de todos mis afectos, desde los de familia y de amistad hasta las conveniencias sociales, la hacienda y la misma vida". Palabra de Arana.
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Ahora bien, por qué perder el tiempo y gastar papel en semejante personaje si podemos resolver la curiosidad con la reseña de turno en la enciclopedia. Pues ni más ni menos porque el elenco de sandeces que Sabino Arana inventó o dejó escritas, así como el recuerdo de otras tantas de las que hizo en vida, todavía colea y mucho, y en especial su utilización de la xenofobia como arma política. Un odio al extraño y en especial al vecino venido de fuera, máxime si también era antagonista, que perdura no tanto en la praxis diaria de sus herederos como en el subconsciente de muchos de éstos y también, he aquí lo más triste y llamativo (...) en el de no pocos de los que se les oponen, y también, o sobre todo, en la imagen en mi opinión y convicción sumamente distorsionada que tanto propios como extraños, es decir, vascos y no, tienen sobre la supuesta identidad vasca, una identidad –sin olvidar que toda identidad colectiva es a la postre una invención o cuando menos una interpretación subjetiva del sujeto– que por obra y gracia de Sabino Arana no es tanto aquello que Julio Caro Baroja definió como el resultado de las dos formas de encarar este concepto, por un lado la observación estática que hace abstracción de las transformaciones y por otro la dinámica que ve el movimiento a que está sujeto todo aquello que estudiamos, o dicho de un modo mucho más pedestre, la suma y sigue de lo que fuimos en el pasado con lo que ahora somos y hasta con lo que seremos en el futuro, sino más bien el esbozo sumamente simplista de un país todavía inexistente (o en construcción como dicen sus herederos), idealizado de acuerdo con una concepción de la realidad decididamente retrógrada y mediocre, esto es, a imagen y semejanza del mismo personaje, así como de un conocimiento más que limitado, o incluso voluntariamente cercenado, de la misma, un país cuya principal referencia inmediata no sólo era una anacrónica y apócrifa arcadia rural vasca en vías de desaparición sino también un país a espaldas de aquel otro real en el que había nacido y cuyos complejos y resquemores de hijo de un naviero arruinado y carlista vencido le hicieron odiar hasta el paroxismo.Pronto comencé a conocer a mi patria en su historia y en sus leyes; pero no debe el hombre tomar una resolución grave sin antes esclarecer el asunto y convencerse de la justicia de la causa y de la conveniencia de sus efectos.Mas al cabo de un año de transición, disipáronse en mi inteligencia todas las sombras con que oscurecía el desconocimiento de mi patria, y levantando el corazón hacia Dios, de Bizkaia eterno Señor, ofrecí todo cuanto soy y tengo en apoyo de la restauración patria, y juré (…) trabajar en tal sentido con todas mis débiles fuerzas (…) Y el lema Jaungoikua eta Lagizarra iluminó mi mente y absorbió toda mi atención.