Desde los años finales del franquismo fue extendiéndose en la universidad la reivindicación del Frente Popular, considerado, espuriamente, como "la república". El fenómeno era cualquier cosa menos espontáneo, en realidad respondía a una excelente planificación estratégica comunista, basada en la escuela de historiadores que desde 1964 venía formando Tuñón de Lara en la universidad francesa de Pau.
El universo femenino es objeto de constantes vaivenes, fruto de la esquizofrenia posmoderna y sus eternas contradicciones. La exitosa serie televisiva Sexo en Nueva York, elevada a los altares de la modernidad en clave feminista, sería el compendio de las conquistas de la mujer liberada, resumidas en el supremo derecho a convertirse en putones histéricos, para distracción de los varones que asistimos a sus conversaciones cachondas en los lavabos de los antros en que se desarrolla la parte más mollar de la trama.
¡Qué mala semana ha elegido el Gobierno para hacer públicos sus planes de desmantelamiento nuclear! Justo en las mismas jornadas en que el Ejecutivo de Zapatero anunciaba el cierre de la central de Garoña y, en otro gesto de cara a la galería ecologista, declaraba su deseo de paralizar el crecimiento relativo de la energía atómica en nuestro país, no muy lejos (en Londres) la World Nuclear Association recibía los planes de muchas naciones dispuestas a reforzar su apuesta por esta alternativa energética basada en el uranio.
La "niña mala" de Mario Vargas Llosa, arquetipo literario, biznieta de Manon Lescaut y de la Dama de las Camelias pero revisada por Marie-Claire, a la vez víctima y verdugo, es de una ingenuidad portentosa, con perversiones sexuales casi infantiles. Cumpliendo con su deber, al final muere, pero no de tuberculosis, sino de cáncer: es más moderno. Lo que no le perdono a Mario es que su narrador, Ricardo, citando de memoria el más famoso poema de Guillaume Apollinaire, diga: Faut-il qu’il m’en souvienne / de nos amours / Ou après la joie / venait toujours la peine?
Si odia el cine, o es un sadomasoquista, o si odia el cine y además es un masoquista, como parece ser el caso del director británico Ken Loach, El viento que agita la cebada es su película.
Los de Galicia, el País Vasco, la Rioja y Castilla y León se han salvado, al parecer, de ser englobados en el enrevesado concepto de "Vinos de la tierra de los viñedos de España", vulgo "Vinos de España", muy amplio para ser atractivo o definitorio.