Hace unos diez siglos (en algún momento entre los años 1040 y 1050) nació, en una diminuta aldea de Burgos, el que vendría a convertirse en el héroe nacional por antonomasia. Es lo que tienen las figuras de leyenda: que nacen donde uno menos se lo espera y sus felices progenitores no tienen siquiera el detalle de consignar la fecha. El nombre y los apellidos, como eran cosa del cura, no se olvidaron de apuntarlos. Le pusieron Rodrigo por su madre, Teresa Rodríguez, y Díaz porque su padre se llamaba Diego. De aquella peculiar costumbre de nuestros ancestros proviene buena parte de los numerosos apellidos castellanos rematados en zeta, que hoy delatan de manera inequívoca la hispanidad de sus portadores.
En lo relativo al extremismo ideológico y la violencia política, una de las pocas decisiones moralmente claras que Hollywood parece haber podido tomar es que el nazismo fue algo malo. De ahí en más, todo resulta confuso, grisáceo o relativo para los genios creativos de la industria del entretenimiento en celuloide. Tres películas de estreno reciente ilustran el punto: Munich, de Steven Spielberg, una realización edulcorada que muestra titubeo en condenar sin amages el terrorismo; Paradise Now, de Hani Abu Assad, una apología descarada del terrorismo suicida palestino, y V de Vendetta, de los hermanos Andy y Larry Wachowski, bizarro film que celebra sin ambigüedades el anarquismo y terrorismo de antaño.
Mi padre me enseñó a leer pronto, hacia los tres o cuatro años. En una de las páginas de la cartilla se veía a un hombre con sombrero dejando atrás una iglesia de pueblo y, debajo, un poemilla: Campana de mi lugar / Tú me quieres bien de veras / Cantaste cuando nací, / llorarás cuando me muera.
Coinciden en las pantallas tres películas que combinan el suspense, la acción, el crimen y el drama, más algunas pinceladas de humor negro. Con hechuras clásicas, El caso Slevin, 16 calles y Plan oculto ofrecen productos profesionales, bien acabados, cuyo objetivo fundamental es entretener con solvencia.
Que las almejas son uno de los moluscos preferidos por los consumidores es algo que parece fuera de toda discusión; lo que sí genera división de opiniones es la forma de llevarlas a la mesa, cómo se cocinan... o no se cocinan.
Hemos entrado en la era Petru Arcan, que comenzó en 2001, una odisea del robo, cuando un moldavo psicopático hizo famoso el asalto a un chalet de Madrid en el que supuestamente, para robar, agredió bárbaramente a todos los ocupantes.
Cuando yo circulaba por la Complutense, los estudiantes que andaban faltos de dinero usaban dos recursos para salir del apuro: la venta de sangre (la suya, se entiende) y el posado en la Escuela de Bellas Artes.
La primera noticia del piragüismo deportivo no aparece hasta 1864, cuando el escocés John McGregor cruzó los ríos de Gran Bretaña a bordo de una embarcación cuyos medios de propulsión eran la pala y la vela.