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CHUECADILLY CIRCUS

Los secretos de las estrellas

Como aseveraba Coco Chanel, nadie tiene la culpa de su rostro juvenil. Décadas después la cosa cambia. Todos estamos condenados a lucir como pasas en Navidad. Cathy Bayle, asesora de estrellas, maquilladora de vanguardia y forjadora de la modernidad, nos explica cómo desafiar al dios más gruñón y convertir la propia imagen en una obra de arte.

Como aseveraba Coco Chanel, nadie tiene la culpa de su rostro juvenil. Décadas después la cosa cambia. Todos estamos condenados a lucir como pasas en Navidad. Cathy Bayle, asesora de estrellas, maquilladora de vanguardia y forjadora de la modernidad, nos explica cómo desafiar al dios más gruñón y convertir la propia imagen en una obra de arte.
Cathy Bayle.
Catherine Deneuve, las princesas saudíes, Boy George, Lorenzo Lamas, las baronesas Rothschild, Bertín Osborne, Shirley Bassey, Silvie Vartan y un largo etcétera de personajes de la realeza, la farándula y el mundo de los negocios deben parte de su éxito social y profesional a las manos de Cathy Bayle, una francesa que lleva media vida asombrando al mundo.

Tras pasar por el Institut Hubbard y la Université des Soines Esthetiques du Corps de París y trabajar con Givenchy y Alexandre de París, a mediados de los años 80 Cathy se convierte en árbitro de las tendencias del momento. De los alucinantes maquillajes de la cantante coreana Kimera, que todavía siguen inspirando a las mujeres de la mitad del orbe, hasta los ballets de Bob Niko, pasando por las primeras galas de la MTV y el magnetismo de algunos reyes de las finanzas, esta parisina universal representa mejor que nadie aquel espíritu glamuroso y colorista de las últimas décadas del siglo XX.

Además de asesorar a las estrellas del momento ("La lista es enorme, pero buena parte de ella es confidencial; muchas personas prefieren no revelar los secretos de su belleza"), Cathy pasea su arte por los platós de televisión de Europa, Asia y América, donde bate los récords mundiales de maquillaje de velocidad, así como por varias galerías de arte, cuyo público descubre con asombro que lo que parecen esculturas policromadas son en realidad seres humanos maquillados. Incluso el Colegio de Arquitectos la ficha para enseñar Arte Tridimensional.

Uno de los trabajos de Bayle.Programas de radio en Gran Bretaña y España, columnas de belleza en varios periódicos, espacios de belleza en televisión... Cathy Bayle alterna las apariciones mediáticas ("Lo paso muy bien... Una vez tuve que hacer una demostración en un tele, pero como se les olvidó la modelo tuve que maquillarme yo misma") y el trabajo en películas y montajes teatrales con el asesoramiento en maquillaje, peluquería y estilismo. "Hago de todo, desde ayudar a una empresa a proyectar su imagen corporativa a través de sus ejecutivos, algo muy necesario en estos tiempos de crisis y alta competitividad, hasta enseñar a una mujer –y también a un hombre– cómo lucir espléndidos en una boda o corregir defectos como manchas de nacimiento y cicatrices".

Cathy me recibe a las once de la mañana en su show room de Madrid. Son pocas las mujeres que pasados los cuarenta, y especialmente si viven de la imagen, muestran su rostro antes del mediodía. Ella lo hace como la cosa más normal del mundo. Ojos verdes esmeraldinos enmarcados en un juego de sombras multicolor, de esas que no se notan a menos que te acerques mucho, manos tersas y cuidadas y poca joyería. Impresionan su naturalidad, su amabilidad y su entusiasmo por todo lo que hace. Con ella su pareja, el doctor Gallego Ferreiro, dandismo sereno y una pizca de orgullo por tener junto a él a una mujer así, aunque no hace falta fijarse mucho para darse cuenta de que la satisfacción es mutua. Aunque se sientan separados, las miradas lo dicen todo. Gallego observa los gestos de su mujer y saborea cada palabra que sale de su boca como si fuera el primer día. Yo en su lugar haría lo mismo.

Mientras ella muestra un montaje fotográfico de sus mejores momentos, un auténtico hall of fame que me hace revivir los mejores sueños de mi adolescencia (qué habríamos sido sin ellos), el doctor me ilustra sobre la ciencia cosmética. "Yo siempre me he cuidado, incluso antes de la eclosión de las cremas para hombres. Algunas no son muy buenas, y uno acaba con la cara llena de granos o con más brillos en el rostro que Lola Flores, así que hace unos años Cathy y yo lanzamos una línea de cosmética unisex que está dando unos resultados magníficos".

Bayle, en plena faena.Recomendado por la clínica del doctor Jean Seraqui (rejuvenecer sin cirugía) y por varios cirujanos, France Beaute-Cathy Bayle Cosmetics Paris distribuye y comercializa al por mayor y al detalle una amplia gama de productos con un mínimo contenido graso y ligeramente perfumados, que van del antiarrugas Skin Caviar, que también sirve como base de maquillaje y after shave, a los aceites solares anticelulíticos y reafirmantes –los aficionados sabemos lo importante que es protegerse contra las estrías– y un producto imprescindible para los días soleados, una crema hidratante que protege de los rayos uva. No salgan a la calle sin ella, a menos que quieran que ese bonito rostro bronceado diurno termine más ajado que los manuscritos del Mar Muerto.

El doctor Gallego se extiende sobre los efectos de las vitaminas en la piel, el papel que desempeñan los antioxidantes en las arrugas y un montón de cosas más que a buen seguro fascinarán a los expertos, pero que a un chico de letras le dejan con cara de póquer. Cathy, más práctica (ya decía Stuart Mill que el presupuesto nacional no debería estar en manos de los hombres) me regala dos productos, el Skin Caviar y la mascarilla anti-edad con colágeno y elastina (prohibido fumar y reírse durante veinte minutos), y me invita a probarlos durante dos semanas antes de escribir una palabra sobre ella. "Los usas y luego lo cuentas".

Además de eliminar impurezas y dejar la tez más suave que la porcelana de Limoges, la mascarilla posee un efecto relajante que casi me deja K. O. a las primeras de cambio. El antiarrugas no produce irritación ni brillos, aunque se use a menudo. Aprovecho una visita de tres días a una empresa en la que trabajé hace ocho años para comprobar los resultados. "Míralo, si está igual... Pedazo de c***, por ti no pasan los años... Cómo se nota que te cuidas...". Creo que no hacen falta más comentarios. Incluso el tercer día, después de una noche de tan sólo cuatro horas, mis antiguos compañeros continuaban admirados de mis buenas relaciones con el dios Saturno.
Para aquellos que se sienten unidos a vosotros... su afecto, que no perturba en absoluto vuestra presencia, os ve siempre joven y hermoso como los sentimientos que les agradan (Chateaubriand).
No siempre, así que mejor será ponerse en manos de un especialista y dejar la literatura para mejor ocasión. Su espejo se lo agradecerá. 


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