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¿DÓNDE ESTÁ CORELLA, O LO QUE QUEDE DE ÉL?

La desaparición de El Nani

Durante el primer Gobierno de Felipe González, y siendo ministro del Interior José Barrionuevo, se produjo uno de esos crímenes que suma al estupor habitual de las muertes violentas el horror derivado deque los autores fueran policías. Hablamos de la desaparición del joven de 29 años Santiago Corella Ruiz, alias El Nani, perpetrada, según sentencia confirmada por el Supremo, por tres policías con un expediente profesional excelente. Uno de ellos, Francisco Javier Fernández, fue ascendido a comisario cuando ya era objeto de investigación.

Durante el primer Gobierno de Felipe González, y siendo ministro del Interior José Barrionuevo, se produjo uno de esos crímenes que suma al estupor habitual de las muertes violentas el horror derivado deque los autores fueran policías. Hablamos de la desaparición del joven de 29 años Santiago Corella Ruiz, alias El Nani, perpetrada, según sentencia confirmada por el Supremo, por tres policías con un expediente profesional excelente. Uno de ellos, Francisco Javier Fernández, fue ascendido a comisario cuando ya era objeto de investigación.
Cartel de la película MATAR AL NANI (1988), dirigida por R. Bodegas.
Santiago Corella, nacido en Auñón (Guadalajara) el 12 de enero de 1954, hijo de Santos y Consuelo, era un delincuente suficientemente conocido en la Brigada Regional de la Policía Judicial de Madrid. Con anterioridad a su desaparición había sido detenido en tres ocasiones; una de ellas (el 12 de noviembre de 1981), por su relación con un atraco a una joyería de León. El botín –unos 40 kilos de oro– fue escondido por alguno de los tres asaltantes: Ezequiel Martínez, Javier Sánchez y Santiago Corella.
 
En este asunto representó un papel clave el joyero santanderino Federico Venero, que supuestamente suministraba a Corella información para la comisión de atracos, actuaba como perista (comprador) de los objetos robados y era a la vez confidente de la Policía.
 
Al salir de la cárcel, en agosto de 1983, Santiago Corella se dirige a Bilbao para recuperar el oro del citado atraco. No consigue su objetivo, pero se procura una escopeta repetidora –que no llega a utilizar, ya que la destroza cuando intenta convertirla en una recortada–  y una pistola del calibre 6.35, con la que se entrena en una finca que posee Venero en Santander.
 
Aprovechando esta circunstancia, el joyero habla con Corella de la oportunidad de un atraco a la joyería Payber, situada en el número 3 de la madrileña calle de Tribulete. Con ese objetivo –hasta donde se sabe en el sumario instruido con relación a la desaparición de El Nani–, Corella se pone en contacto con un sudamericano, del que se ignora el nombre, y con Santiago Pitarch. Como a ninguno de los dos agrada la idea, El Nani decide no cometer el atraco.
 
No obstante, el 31 de octubre dos hombres y una mujer, hasta hoy desconocidos, asaltan la mencionada joyería, matan de un tiro en el corazón al propietario, Pablo Perea Ballesteros, y se llevan joyas por valor de seis millones de pesetas. Los policías encargados del caso culpan al Nani y a su amigo Ángel Manzano; además, para refrendar sus acusaciones se traen desde Santander a Venero.
 
Con los datos que proporciona éste, los inspectores enseñan cuatro fotografías al único testigo del atraco, el empleado de la joyería Juan Sánchez Gómez, a quien advirtieron con anterioridad de que entre ellas estaba la del autor. Juan Sánchez señaló la del Nani.
 
El 12 de noviembre se procedía a la detención de Corella y de Manzano, así como de sus respectivas esposas, Soledad Montero y Concepción Martín.
 
La primera discrepancia con el relato de los hechos que hace la Policía surge a propósito de la hora en que se produjeron las detenciones. Así, mientras aquélla sostuvo que tuvieron lugar a las 18.00 (Corella) y a las 18.15 (Manzano), tanto las hermanas como los vecinos del Nani dijeron que éste fue capturado entre las 13.00 y las 14.00. La diferencia serían cuatro horas de "interrogatorio". Por otra parte, los agentes declararon que Corella opuso resistencia, algo que niegan los vecinos de éste. Los agentes dijeron que también fue violenta la detención de Manzano, pero éste sostuvo lo contrario.
 
Las hermanas del Nani (Inmaculada, Lourdes y Concepción) fueron detenidas en el transcurso de ese mismo día. Ingresaron en los calabozos a las 11.45, y la única diligencia que se les practicó fue una rueda de identificación. No obstante, en el sumario del caso no consta ni su detención ni su puesta en libertad.
 
De forma aberrante, a las 19.15 del 12 de noviembre los funcionarios policiales solicitan, y les es concedida, la aplicación de la Ley Antiterrorista a Santiago Corella, a Ángel Manzano y a Concepción Marín López. Al día siguiente se aplica incomunicación, bajo la misma ley, a Soledad Montero.
 
Según la versión policial, el testigo, Juan Sánchez Gómez, realizó un reconocimiento en rueda a las 22.00. Sin embargo, éste afirmó que no se hizo por la noche, sino a mediodía. Lo recuerda perfectamente porque tuvo que quedarse sin comer. Además, dijo que no hubo rueda: le mostraron sólo al Nani, a quien reconoce sin dificultad porque previamente había visto una foto suya.
 
También hay un mar de dudas sobre el acto de información de derechos a Corella. La prueba pericial sobre la autenticidad de su firma llega a la conclusión de que la consignada en el atestado (así como la de su supuesta declaración) es falsa. Como instructor de las diligencias figura el inspector Javier Fernández, y su compañero Victoriano Gutiérrez como secretario.
 
Las hermanas de Corella estaban en uno de los despachos de las dependencias policiales cuando, durante lo que se supone era el interrogatorio de trámite, oyeron desesperados gritos de dolor de su hermano, al tiempo que sonaba una radio que alguien subía cuando se agudizaba el tono de los alaridos. También escucharon con claridad que los policías repetían: "Canta, Nani, canta. ¿Dónde está el oro?". La mujer del detenido, Soledad Montero, dijo que también ella lo escuchó.
 
El testigo Javier Folner vio a Corella en la Dirección de Seguridad del Estado, en la Puerta del Sol, en medio de dos policías de uniforme; lo llevaban en volandas, "ya que, aunque andaba, daba la sensación de no hacerlo por sus propios medios". El Nani tenía hematomas en la cara, los labios partidos y sangre en las cejas. No pudo ver el resto del cuerpo, cubierto con un mono azul de mecánico.
 
A Manzano, el otro detenido, también le preguntan por el oro y las armas. Según su propia denuncia, le hacen objeto de la tortura conocida como "la mesa", le ponen un casco y se turnan para golpearle. Igual tratamiento recibe la mujer del Nani, Soledad Montero, a la que hacen objeto de otras vejaciones. Tras su paso por las dependencias policiales, Manzano tuvo que ser trasladado al Hospital Provincial, donde fue intervenido de urgencia. El instructor del interrogatorio de Manzano fue el inspector Javier Fernández, y actuó como secretario el también inspector Francisco Aguilar.
 
Según el relato de los policías –que parte de la declaración de Santiago Corella de la que el sumario determina que la firma fue falsificada, lo cual pone en entredicho su validez–, los inspectores Javier Fernández, Victoriano Gutiérrez y Francisco Aguilar se dirigen con el detenido, convenientemente esposado, hacia la carretera de Canillejas a Vicálvaro para recuperar unas armas e identificar al supuesto "gitano" que se las vendió. Allí, de una forma totalmente inverosímil, se les escapa. Ya no volvió a dar señales de vida.
 
La realidad debió de ser otra. Una vez detenidos, tanto Corella como Manzano fueron obligados a quitarse sus ropas y vestir un mono azul, con el que fueron interrogados. El Nani no se sobrepuso, a juzgar por la broma macabra que una mano anónima trazó en el libro de calabozos de la Guardia de la Jefatura Superior de Policía: puso "R.I.P." en el lugar correspondiente a Corella. La inscripción fue posteriormente borrada con "Tipp-ex".
 
Desde que se produce la desaparición hasta que el tremendo hecho salta a la prensa pasan siete meses. El clima no es propicio a este tipo de denuncias, y llevarlas a la opinión pública entraña riesgo. El 14 de mayo de 1984 el periodista Gregorio Roldán saca a la luz en Diario 16, con gran coraje personal, lo que tan difícil era denunciar en una sociedad heredera del anterior régimen, donde las fuerzas policiales seguían siendo prácticamente las mismas de la dictadura. La mujer y las hermanas del desaparecido encuentran por fin quien les haga caso, después de mucho tiempo de sufrimiento. El asunto explota como una bomba. De moda la película Missing (Desaparecido), El Nani es el primer "missing" de la democracia.
 
El joyero Federico Venero declaró que había oído decir en reuniones con policías que al Nani le habían dado "matarile" y que estaba enterrado en cal viva. Asimismo, afirmó que un inspector le dijo que Corella se "fue con todo el colorao (oro)" y que "está en el cielo, mirándole".
 
El 25 de junio de 1990 el Tribunal Supremo confirma la sentencia que condena a más de 29 años de reclusión, por la "desaparición forzada" de Santiago Corella, a los policías Francisco Javier Fernández Álvarez, Victoriano Gutiérrez Lobo y Francisco Aguilar González. Además, se les confirman otras penas menores por torturas a Ángel Manzano y Soledad Montero.
 
Los culpables fueron castigados, pero ¿dónde está El Nani, o lo que quede de él?
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