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CÓMO ESTÁ EL PATIO

ÉREase una vez Andalucía

Los socialistas deberían tener prohibido manejar dinero público. Quizá no sea culpa suya y todo se deba a una incapacidad genética para la pulcritud administrativa, pero es que cuando tienen a su disposición un presupuesto mollar... se ponen nerviosos y al final la pasta acaba recalando en el sitio más sospechado: los bolsillos de los correligionarios.


	Los socialistas deberían tener prohibido manejar dinero público. Quizá no sea culpa suya y todo se deba a una incapacidad genética para la pulcritud administrativa, pero es que cuando tienen a su disposición un presupuesto mollar... se ponen nerviosos y al final la pasta acaba recalando en el sitio más sospechado: los bolsillos de los correligionarios.

En Andalucía tenemos pruebas abundantes para apuntalar la tesis de la imposibilidad de que los socialistas gestionen con decoro cualquier línea de subvención. Tras treinta años en el poder autonómico, la corrupción ha sobrepasado incluso los estándares medios del socialismo, que ya son bastante generosos de por sí. Parece que su presencia en las instituciones puede tener un final abrupto con las inminentes elecciones a la Junta, pero el daño que han hecho a toda la región tardará años en ser correctamente ponderado; y muchos más habrán de pasar para que los remedios surtan completamente efecto.

Una cosa sí hay que reconocerle al socialismo meridional, y es su maestría a la hora de diseñar mecanismos para el trinque sin tener que sufrir los engorrosos controles administrativos. Si se sigue el conducto habitual, hacerse con una subvención implica perder muchísimo tiempo, cuando lo que se exige a una administración moderna es, precisamente, la celeridad en todos los trámites. El entramado de empresas públicas montado en Andalucía, cuyo único fin conocido es repartir fondos públicos, resulta desde este punto de vista toda una contribución a la agilidad administrativa que es de justicia reconocer al estadista Griñán. Además de la rapidez en la gestión, esta forma de manejar las finanzas autonómicas evita que los funcionarios encargados del control presupuestario retrasen innecesariamente las concesiones de ayudas, por ejemplo cuestionando la oportunidad de que una partida para financiar un proyecto empresarial de I+D+i acabe en la caja registradora de una whiskería o en el bolsillo de un emprendedor dedicado al comercio de sustancias ajenas al circuito de la farmacopea, por poner dos ejemplos conocidos.

Con la crisis económica, los socialistas andaluces se han reinventado a sí mismos poniendo en marcha la financiación con dinero ajeno de los famosos expedientes de regulación de empleo; cómo lo habrán hecho de bien, que han convertido tal actividad en una de las industrias más rentables del terruño. "Ni un ERE sin financiar, ni un afiliado al PSOE sin su trinque", es la frase que merecería figurar grabada en mármol en el frontispicio del Servicio Andaluz de Empleo.

Solucionado el paro rural con el PER, con el que el socialismo se ha asegurado durante lustros los votos de los beneficiarios y sus familias, la recesión económica ha supuesto una gran oportunidad para que los socialistas andaluces sigan haciendo patria, pero esta vez en entornos urbanos. Los ERE, mecanismo regulador de los flujos laborales en momentos de zozobra, se han convertido en Andalucía en todo un universo de posibilidades para los trinques más fastuosos.

El dinero que todos los contribuyentes hemos entregado a los distintos Gobiernos ha sido utilizado magistralmente por las autoridades de la Junta de Andalucía con criterios muy subjetivos, como acreditan los escandalazos que diariamente aparecen en todos los medios de comunicación a excepción de Canal Sur, cuyo plantel de funcionarios mediáticos sigue todavía azacanado en el asunto de los trajes de Camps y advirtiendo a los espectadores de la hecatombe venidera en caso de que el PP gane las elecciones del próximo día veinticinco.

Es lo normal. Ponga usted a un socialista al lado de un montón de dinero "que no es de nadie" en un contexto en el que la demanda de fondos públicos tiende al infinito, como ocurre en esta crisis de caballo que sufrimos, y los medios de comunicación que no dependen directamente del Gobierno regional tendrán garantizadas las noticias de apertura para varios meses.

Lo mejor de todo este asunto es que la corrupción ha tenido un carácter institucional y vertebrador en lo que se ha dado en llamar "fomento del empleo", así que las autoridades socialistas ya ni se molestan en defender que todo este asunto es cosa de cuatro chorizos.

Los miles de millones empleados en los ERE pueden llevar al PSOE andaluz a la oposición por primera vez en la historia democrática. Si se hacen las cuentas de todo lo robado, distraído y malversado en estos 30 años, el dato pasaría inmediatamente a figurar en la portada de la próxima edición del Libro Guinness de los Récords. Nunca expulsar a un partido del poder salió tan caro. En el caso de que el PSOE pierda las elecciones, que todavía está por ver...

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