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CHUECADILLY CIRCUS

Elogio de Juan Manuel de Prada

Hacía tiempo que no veía a Tinín, un compañero de la facultad que un día se inició en los gay studies. Su especialidad es la revelación del lado más mariquita de literatos pasados y presentes. Les practica la extratextualidad cyborg gramsciano-analítica, una herramienta utilísima a la hora de indagar en la subtransmutabilidad subliminal sarasa de las estrellas de la Feria del Libro de Madrid. Su último descubrimiento me dejó helado.

Hacía tiempo que no veía a Tinín, un compañero de la facultad que un día se inició en los gay studies. Su especialidad es la revelación del lado más mariquita de literatos pasados y presentes. Les practica la extratextualidad cyborg gramsciano-analítica, una herramienta utilísima a la hora de indagar en la subtransmutabilidad subliminal sarasa de las estrellas de la Feria del Libro de Madrid. Su último descubrimiento me dejó helado.
Juan Manuel de Prada.
– Hola, guapo. Long time no see, que dicen los imperialistas americanos.
– Hola. Estás igual que siempre –es decir, hecho un asquito.
– No, querido, estoy mucho mejor.
– Tú y tus terapias de autoayuda. Desde tu última tentativa de suicidio has engordado unos kilitos que no te vienen nada mal.
– Si yo te contara... Y, cambiando de tema, ¿cómo va tu tesis doctoral?
– Más colgada que un paraguas en verano. ¿Y la tuya?
– Viento en popa. Acabo de descubrir un filón. Es supermorbosa y además publicable. Me voy a hacer de oro.
– No me digas que Fraga es gay, porque eso sí que no me lo creo –seguro que dice que sí.
– Y él tampoco, lo cual siempre es una pista interesante. No, me refiero a uno de esos escritores fachas que tanto te gustan.
– ¿A mí? Corazón, no me refresques la memoria, no vaya a ser que recuerde aquella frase tuya sobre el acertado diagnóstico revolucionario de la realidad tardo-capitalista y sus repercusiones catalépticas sobre la configuración mental de la raza hebrea en Mein Kampf.
– Bueno, ¿quieres enterarte o no? Por cierto, mi análisis de entonces lo suscribirían hoy en día varios de los llamados "liberales".
– Perdona. Venga, ¿de qué trata tu tesis doctoral? –insisto.
– Se titula Todas somos señoras: cursilería y sicalíptica queer en la vida y obra de Juan Manuel de Prada.
– O sea, que te pasas cinco pueblos. Yo creo que ese señor es más bien heterorro.
– Tu homofobia interiorizada te ciega. ¿Acaso no has reparado en esas gafas de mujer que solía llevar? Si son igualitas a las de Sofía Loren...
– Ahora que lo dices, pues es verdad. Nunca me había fijado.
– Escucha esto –engola la voz y, para espanto de los presentes en el garito, que nos someten a un cordón sanitario de dos metros de diámetro, declama:
De Iñaqui sólo diré que figura en el frontispicio de todos mis libros, irguiendo su nombre como un faro de consuelos: a su compañía y entrega constantes hay que sumar ahora su recién estrenada condición de submarinista de hemerotecas.
– Esta bastante claro, ¿no te parece?
– Lo único claro es que De Prada tiene un negro muy complaciente o un hermano bastante primo al que quiere mucho.
– Pero ¿no lo ves? El escritor se refiere a su esclavo sexual. Ése "sólo diré" muestra que su represión no le permite verbalizar la verdadera naturaleza de su relación con Iñaqui. Además, la "entrega constante" habla por sí misma. Por último, la alusión al submarinismo es un guiño a la práctica erótica del control de la respiración. Él la sublima hablando de las hemerotecas, donde a veces hay tanto polvo que a uno le falta el aire.
– Eso me suena. Recuerdo a aquel diputado conservador inglés tan pro-familia al que encontraron muerto en su casa vestido de mujer y con una bolsa de basura anudada al cuello.
– Eso no lo sabía, espera que lo apunte.
 
Mientras Tinín pide un boli y un trozo de papel en la barra, reflexiono sobre mi triste carrera profesional y observo a un chapero cubano intentando ligar con la esposa de un amigo. Me pregunto si debo abandonar a mi ex compi y rescatar a la chica, ya que su marido no hace nada. ¡Menudo figurón!
 
– Ya estoy de vuelta. Agárrate que porque llega lo mejor. La cita de marras viene seguida de una frase dedicada a una tal María, "el rostro amado en el que me contemplo"; es decir, que a De Prada también le va el rollo travesti. Además, todo esto fue escrito en un libro subtitulado "En busca de Ana María Martínez Sagi".
– ¿Y esa quién es? –ahora comienza la fase de acertijos.
– Anda, guapo, que además de fascista eres tonto. Como se lo diga a tu jefe...
– Espera, el nombre me resulta familiar. Recuerdo haber leído algo sobre ella.
– Claro que lo has leído, en alguno de esos libros de Federico Jiménez Losantos que llevabas a la facultad para provocar. Te sentabas en medio de la cafetería, sacabas el Ajoblanco de la cartera y colocabas a Fede sobre la mesa. Era para mondarse de risa.
– Por lo visto, el truco surtió efecto.
– Éramos muy jóvenes y no estábamos al tanto de las técnicas de disonancia cognitiva practicadas por los esclavos de la derecha más cerril.
– ¿La de la diva María Antonia Iglesias?
– No, la tuya.
– Corta el rollo y sigue. ¿Quién fue la tal Sagi? No me digas que una drag king porque me da algo.
– Así es. Fue periodista, feminista y deportista. Reconoció su lesbianismo y además le gustaba hacerse fotos vestida de tío. Por cierto, de hombre estaba guapísima.
– Deja que rebobine, porque estoy hecho un lío. Resulta que el líder del movimiento teocon español, ese que dice que Esperanza Aguirre es el nuevo Carlos Marx con faldas y que la Cope ha sido tomada por una peligrosa secta satánica, es en realidad supermarica, aficionado al sexo bizarro y medio travesti.
That's right. Y yo lo voy a contar –afirma ufano, como si hubiera descubierto la pólvora.
– Pero ¿no te parece todo un poco forzado? Construir una teoría sobre una frase sacada de contexto se parece mucho a los vicios académicos denunciados por Merton en A hombros de gigantes. Seguro que los recuerdas.
– Claro que sí, y en ellos me baso. En realidad ese libro fue un fake, una impostura. Aparentemente, Merton criticaba los excesos de las nuevas disciplinas humanísticas, pero lo que hizo en realidad fue mostrarnos el camino. Fíjate en el subtexto.
– ¿Y eso dónde está?
– Más tonto y no naces. El subtexto está en el inconsciente del autor reprimido por la estructura patriarcal y capitalista del heterofascismo. Es más o menos lo mismo que hace De Prada en sus artículos en ABC. Igual que Ariadna y Teseo en el mito del Minotauro, el novelista nos guía por el laberinto libero-marxista y nos ofrece las claves de la ominosa conspiración masónico-socialista-copera. Por algo su libro sobre la Sagi se titula Las esquinas del aire. En los vértices del laberinto, el hilo se tensa y puede romperse, pero la singladura es recompuesta a partir de fragmentos sueltos aparentemente inconexos. La obra de De Prada es un libro de claves que yo he conseguido descifrar.
 
Apuro mi bebida y azuzo mis neuronas para que den con algo ingenioso que ponga al pedante en su sitio. Decido recurrir a la lógica pura.
 
– O sea, que el que lo parece no lo es pero es realidad sí lo es, sólo que al contrario de lo que parece –digo, haciéndome el tonto, la mejor táctica para los que se pasan de listos.
Indeed.
– Y los extremos se tocan –veamos como sale de ésta.
–Te equivocas. Los extremos no existen. Son lo mismo, sólo que la construcción de falsas dicotomías sirve para la creación de una multiplicidad de focos de resistencia autorreubicables. Juan Manuel de Prada no pasará a la historia como ese sublime narrador que tanto admiráis y de cuyas opiniones políticas os mofáis con exangüe impiedad, sino como el artífice de la chisporroteante revolución bujarrona. Ignacio Reilly es nuestro Dios y Juanma Prada su profeta. ¡Temblad, opresores!
I need another drink. ¡Camarero…!
 
Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.
 
 
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