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VUESTRO SEXO, HIJOS MÍOS

El viejo copulante

Venerables copulantes: Hay gente de buen corazón que considera injusto que las mujeres tengan menopausia y los hombres no y, en consecuencia, se han puesto un poco plastas hablando de la menopausia masculina. Pero no existe tal fenómeno.


	Venerables copulantes: Hay gente de buen corazón que considera injusto que las mujeres tengan menopausia y los hombres no y, en consecuencia, se han puesto un poco plastas hablando de la menopausia masculina. Pero no existe tal fenómeno.

Es cierto que, con el tiempo, disminuye la potencia sexual masculina y la capacidad para producir espermatozoides, pero eso sólo significa que su aparato sexual está viejo, como el corazón, el hígado o la vejiga. La menopausia es otra cosa. Es como si las mujeres se levantaran un día sin dentadura, mientras los hombres van perdiendo piezas dentales de vez en cuando.

No, queridos, los hombres no tienen menopausia. Ahí sigue su sexo funcionando al ralentí, ardiendo, si no con una gran hoguera, sí con una modesta llama. Y el madurito, experto y sin prisas, puede salir airoso de los encuentros sexuales de una forma o de otra. Según mi primo el crápula, "mientras hay lengua, hay hombre".

La prueba de que no hay menopausia masculina es que existen dos fenómenos que ponen de relieve la disponibilidad sexual del varón talludito, a saber: la poligamia y la hipergamia, que, aunque suena a supermercado, es la preferencia de los hombres por emparejarse con mujeres más jóvenes y de inferior estatus. O, desde la perspectiva femenina, la prerrogativa que tienen las hembras de aparearse con un macho dominante.

Como las mujeres prefieren un marido con más capital humano y mejor sueldo que el suyo, la hipergamia es fácil de reconocer, en todas las sociedades, porque la edad de los cónyuges, cuando contraen matrimonio, ya marca una diferencia de estatus. En nuestro mundo occidental, la hipergamia fue muy acusada hasta mediados del siglo pasado, pero actualmente las mujeres se emparejan con hombres tres años mayores que ellas, como media. No son raros, sin embargo, los padres ancianos, sobre todo cuando el vejete es poderoso, rico y tiene, quizá, otras cualidades que le permiten emparejarse con una mujer joven.

 La poligamia, que es la afición que tienen los machos a coleccionar hembras, está ligada a la hipergamia, y ha sido de lo más normal que viejos patriarcas, mandarines, sultanes y jefes de tribu presumieran de tener harenes con más concubinas que piojos en costura. Dicen los historiadores que, cuando los españoles llegaron a Méjico, Moctezuma había desvirgado y embarazado a no menos de 150 (ex) doncellas. Pero hay ejemplos actuales y llamativos, como el presidente de Sudáfrica, Jacob Zuma, aficionado a disfrazarse de plumero y a bailar pegando brincos en zapatillas deportivas, que lleva una vida sexual movidita para sus 68 años. Practica la poligamia zulú y ha tenido y sigue teniendo muchos hijos. En la actualidad, el hombre más fértil del mundo es un tipo de Kenia, de 92 años, llamado Akuku Danger, que, haciendo honor a su apellido, ha tenido 415 hijos de 130 esposas; la última está embarazada.

La poligamia tiene el efecto perverso de dejar fuera del mercado matrimonial a muchos hombres jóvenes, y eso no es bueno para una sociedad. Los polígamos desplazan con sus genes el mercado, y yo os advierto, queridos chicos inteligentes, educados y solteros: aunque sé que os la refanfinfla, como no espabiléis, dentro de varias generaciones los descendientes de todos estos pájaros todavía estarán por ahí, multiplicándose, cuando los vuestros estén extintos. Y yo prefiero los vuestros.

Si la menopausia ha sido tan beneficiosa para la encefalización, ¿por qué no tienen los hombres el correspondiente fenómeno complementario? ¿Por qué la naturaleza permite que los hombres sean padres cuando no van a vivir para ver crecer a sus hijos pequeños? ¿Por qué esa capacidad fue seleccionada? La respuesta es que los hombres tienen menos peso que las mujeres en la supervivencia de los hijos. No hay en el macho humano una señal biológica de su valor como padre. De hecho, los casos de hijos póstumos y madres solas son frecuentes, por desgracia para los niños.

La fertilidad del macho humano en la vejez está en consonancia con la estrategia reproductiva diversificadora masculina. Ya sabéis, muchos hijos, poca inversión. Pero eso no significa que el padre anciano no sea capaz de crear efectos positivos sobre la supervivencia y la calidad de sus hijos. Los hombres, como los demás machos, estaban, en principio, destinados a morir más jóvenes que las hembras, agotados por los efectos de la testosterona. Y, de hecho, su esperanza de vida en las sociedades occidentales es unos siete años menor que la de las mujeres. Pero, lo mismo los hombres que los animales, cuando consiguen llegar a viejos ocupan el lugar preferente en la jerarquía del grupo, y han tenido oportunidad de acumular poder, experiencia y, en el caso de los hombres, riqueza. Desde una perspectiva biológica, pueden legar a sus hijos, en el conjunto de sus genes, las características que los hicieron longevos y dominantes. Y, desde un punto de vista material, pueden beneficiar a sus hijos indirectamente y asegurar su futuro –incluso aunque los hijos sean póstumos– a través de la herencia de sus bienes materiales.

A veces, la última compañera sexual llega casi in articulo mortis, como le sucedió al rey David (Libro Primero de los Reyes), que, después de tener montones de mujeres e hijos, y consumido por tanta guerra como dio, estaba tan cascado que, aunque lo cubrían con mantas, tenía mucho frío. Entonces le buscaron una joven virgen "que durmiera sobre su pecho" y le diera calor. Miraron por todo el reino y echaron mano de Abisag, la sunamita –que era moza muy estética–, para que se pusiera a disposición del anciano y le sirviera. Según parece, el rey, en esa ocasión, no estuvo a la altura de las circunstancias y no la conoció –en el sentido bíblico–, aunque, en mi opinión, la sunamita no se fue de rositas, si sabéis a lo que me refiero. Ahora se llama sunamitismo al intento de los vejestorios de rejuvenecer con una jovencita.

La gente se confunde cuando piensa que si las mujeres tuvieran tanto poder y dinero como los hombres se emparejarían con jovencitos, y que, además, sería un logro en la lucha por la igualdad de género. Bueno, pues no. Aunque a veces tenemos algún caso de chochera patética, no se puede comparar la estrategia femenina con la masculina, os lo tengo dicho.

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