Acaba de comenzar la décimocuarta temporada de
Redes, el programa televisivo de divulgación científica que dirige y presenta
Eduard Punset. A sus setenta y tantos años, al ex ministro de la UCD sólo le falta una barba para remedar a la perfección al filósofo ateniense. Irónico y preguntón (
mayéutico, diría un texto de historia de la filosofía), nada de lo humano, ni de la naturaleza, le es ajeno. Es a un tiempo el
presocrático que investiga el principio antrópico y el
sofista que se cuestiona si somos más monógamos que promiscuos. Con
George Whitesides, químico de Harvard,
discute sobre nanotecnología, la materia y la vida. Después, en el siguiente programa, con el biólogo
Manel Esteller habla de
la relación entre los nuevos fármacos y la genética. El 27 de septiembre
preguntó al psicólogo de la Universidad de Bristol
Bruce Hood si el tránsito desde el pensamiento mítico al pensamiento lógico, que comenzó con los presocráticos hace tres mil años, se consumará alguna vez.
La respuesta de Hood, que el sesgo sobrenatural es algo inherente a la mente humana, parece entristecer un poco a Punset, que, como buen ilustrado, cree que el progreso de la humanidad sólo puede venir de la aplicación de ideas claras y distintas a todas las dimensiones de la realidad. Hood le explica que de forma innata nuestra mente busca patrones donde no los hay, significados donde sólo hay silencio y causalidades donde lo que rige es la casualidad. Nuestro cerebro odia las incertidumbres y el azar; evolutivamente, ha sido programado para hacer(se) preguntas sobre la esencia (¿qué es?), la causalidad (¿por qué?), la finalidad (¿para qué?), pero se encuentra con que hay cuestiones incontestables por principio. Y entonces se inventa las respuestas, la mayor parte de las veces de manera inconsciente.
El hecho de que el sueño racionalista de una explicación total y definitiva sea racionalmente imposible (
Gödel mediante) no ha arrojado a Punset y sus colegas de la irreductible aldea científica a los brazos de los dogmáticos que habitan en las sacristías, o de los postmodernos que campan por sus anchas en los departamentos de Crítica Literaria. Por el contrario, ha apuntalado su fe –porque esta creencia obedece más a un postulado de la voluntad que de la razón pura– en las respuestas racionales y naturales, aunque éstas sean estructuralmente parciales, mutables y dependientes del contexto.

En la entrevista a Hood –rodada en un escenario "incomparable", aunque prefiero los laboratorios y despachos desordenados y en ocasiones destartalados– se identifican los ídolos musicales con los religiosos. También podríamos citar los científicos. Al principio del programa vemos a Punset como un taxista que comenta con su pasajero algún aspecto asombroso al tiempo que anodino del día bajo la mirada bonachona de sus santos patrones,
Darwin y
Einstein, encarnados en dos figuritas que ocupan los lugares habitualmente dedicados a San Cristobal y la Virgen de los Accidentes. Y es que un ejemplo paradigmático de cómo lo sobrenatural y la superstición siguen mezclándose en el pensamiento presuntamente racional se da en el propio campo de los científicos con el argumento de autoridad, ese prestigio que da el ser premio-lo-que-sea. Toda la marejada asociada al paradigma/negocio/problema (táchese lo que no proceda) del
calentamiento global es un buen ejemplo de ciencia viciada por la magia, la ideología o el simple interés.
El talante ilustrado de Punset le lleva a defender dos postulados básicos. En primer lugar, el epistemológico de que hay más cuestiones sin respuesta que con ella. O dicho a la manera de Popper: "Nuestro conocimiento es necesariamente finito, mientras que nuestra ignorancia es necesariamente infinita". En segundo lugar, el postulado político de que no hay conocimiento sin libertad. lo que le costó la vida a Sócrates fue, precisamente, el hacer preguntas incómodas para el poder establecido, preguntas que daban a la gente qué pensar, cuestionarse las presuntas certezas inmutables. Algo hemos avanzado, sin embargo, desde entonces, y Punset, al contrario que Sócrates, no sólo no es condenado a beber la cicuta por ir proclamando por la
TDT y por
internet que "desaprender lo sabido es ahora mucho más importante que aprender nuevas cosas", sino que ha salido de las catacumbas de los horarios intempestivos para colocarse en
prime time, a las 9 de la noche en La 2.
La verdad nos hace libres, pero sólo es posible su búsqueda en unas condiciones políticas de libertad. Tenían en cierta medida razón los comunistas soviéticos cuando despectivamente tachaban a la ciencia hecha en Occidente de "burguesa" –lo mismo decían del Estado de Derecho y las democracias representativas–. Sólo en el seno de liberalismo se ha podido desarrollar la ciencia. De ahí que recientemente Punset haya escrito
una lúcida a fuer de pesimista anotación sobre lo que más miedo le produce cuando reflexiona sobre el porvenir: