![]() | Aún hoy no tengo muy claro qué es exactamente lo que tenemos en estas páginas. ¿Las memorias de un miliciano del Frente Popular llamado Fernando Lescarén? ¿Una historia que nos cuenta José Luis de Funes, basada en los apuntes sobre la vida de un amigo suyo que éste dejó escritos antes de morir? ¿Ambas cosas?
|
– La justificación o no de los hechos por la vía de los fines perseguidos.– El arrepentimiento como liberación personal, teniendo o no en cuenta las obligaciones morales derivadas de los hechos que lo originan.– La fe, su utilización, a sabiendas de que es un don, y por lo tanto dada y difícilmente negociable, como almohadilla reconfortante.– La amistad, que, a diferencia de la justicia, se inclina, las más de las veces, a tomar partido.– La muerte, o mejor, la cercanía de la muerte, que apremia el necesario resumen de la vida y que hace caer los velos que la encubren...
Están los hechos vividos por Fernando Lescarén enmarcados en la tragedia española de la segunda mitad de los años 30. En el entorno especial de la lóbrega vida de los jornaleros andaluces, en la que cada día el ansiado pan se arranca con el lomo encorvado, sin más horizonte que el de conservar la vida misma. Y en esas condiciones, aderezadas debidamente, la injusticia social provoca la alentada reacción; la revancha ciega, el vendaval de violencia y muerte... Y sin embargo, ¿es ése el único camino? En esta disyuntiva, en esta historia, se mueven y se han movido ideologías, pensadores, gentes del común, sin que parezca posible, ni ayer ni hoy, la respuesta consensuada. Para mí, sin duda, el límite está en el respeto a la vida.A mí, no todo lo que estábamos haciendo me parecía bien. Pero yo no iba a ser el que se opusiera a algo que, hacía mucho tiempo, habíamos estado esperando. Sentía por dentro una cierta comezón... En fin, las circunstancias eran las que se imponían, aunque yo seguía con mi malestar interior. Naturalmente me guardé bien de decirlo y demostré una alegría en parte fingida. Pensaba que estaba haciendo lo que debía pero, de todas formas, no tenía el mismo contento que los demás.
Lo que ocurría es que yo era más reflexivo. Siempre lo he sido. Pero mi actuación no corría pareja con mis cavilaciones. Éstas andaban por un camino y mis actos por otro. Pensaba que aquello, la revolución, no era como yo había creído antes. Pero me dejaba llevar por los demás, en aquella especie de vértigo que se iba apoderando de todos. Seguramente era porque había imaginado una revolución distinta. Y la revolución era aquello, lo que estábamos haciendo y lo que yo tenía la obligación de hacer.
La diferencia entre el ateo y el agnóstico estriba en que, mientras el primero niega la existencia de Dios, por hipótesis o por convicción racional, el segundo es incapaz de responder a esa cuestión, porque entiende, también por hipótesis o convicción, que lo que trascienda a la experiencia no es accesible al entendimiento de los hombres. Pero la realidad es, que en muchos casos, y en el de Fernando Lescarén yo creo que también, el alineamiento con una de esas dos actitudes, en concreto con el ateísmo, no lo es por reflexión, sino por adopción (...) De modo que, en muchos casos –en la tropa, digamos, del proletariado y del campesinado histórico militante–, se es ateo porque se es comunista, o anarquista, o de cualquier otra corriente ideológica que así lo estipule, como podía estipular lo contrario, y no porque se haya profundizado en la búsqueda de respuestas y se haya llegado a tal conclusión.Hasta ahora, me he ido engañando a mí mismo. He creído siempre que tendría tiempo para resolver mi problema, pero ahora ya no es así. Estoy al borde de la muerte, sin haberme reconciliado conmigo mismo. Es decir, dividido, inquieto. Ahora me parece que he vivido soñando y que necesito despertar. Hay una realidad que nunca he considerado hasta ahora y es la de mi muerte cierta y próxima. Ya no tengo tiempo. Sólo unos meses o tal vez menos. ¿Qué hago? ¿Qué hago yo?No es la cuestión abstracta del hombre sino la concreta de mí mismo. No es un problema de soluciones más o menos generales sino mi problema. He ido viviendo y esto no me consuela. Aunque sea lo único que hacen casi todos los hombres. Sólo unos pocos se salvan… ¿Se salvan? ¿De qué se salvan? Sigo sin saberlo, pero intuyo que se salvan de algo.