![]() | ¡Por fin he dado con la fórmula para la conversión del Presidente al cristianismo! Olvídense de plegarias, santos y velitas: hay un obispo cuyas palabras sonarán como música celestial a los finos oídos de nuestro líder.
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Fiel a su papel de agente crispador y recalcitrante, el Daily Fascist –algunos carcas se empeñan en llamarlo Daily Telegraph– ha abierto un foro para que sus lectores opinen sobre la cuestión. Algunos señalan la raíz del problema: "Judíos y católicos han tenido sus propios tribunales de familia para resolver cuestiones como el divorcio. No llamaron la atención hasta que en 2005 los musulmanes pidieron lo mismo"; y otros piden que se dé puerta al obispo: "¿Para qué está la Reina?". Los hay que cargan contra los privilegios de la Iglesia de Inglaterra: "Se acabó la farsa de la Iglesia nacional, se acabaron las subvenciones para los colegios religiosos", y los hay que tratan de organizar una rebelión armada contra el Estado (uno que me sé debe de haber comprado ya en British Airways su pasaje a Heathrow). En fin, dense una vuelta por el foro de marras y verán lo que da de sí la lengua de Shakespeare en punto a insultos e improperios.– Hija, yo soy musulmán y tú hindú, pero eso ya no importa. Anda, cásate a mi manera y así le damos una alegría a mi padre.
Yo acababa de llegar y no conocía a los políticos españoles. Me dijeron que fuera a una sala y sacase una foto del tal Fraga y del ponente. Como siempre he sido muy perfeccionista, entré y les pedí que posaran; y como no lo hacían bien, me puse algo seria y no les permití sentarse hasta que la instantánea quedó perfecta. Luego, un compañero me dijo que nunca había visto a Fraga tan dócil. Me contó la historia de don Manuel y yo pensé: "Tierra, trágame". Pero lo importante es que cumplí con mi deber.
JZ, que escribió sus Leyendas apócrifas de amor y dolor tras sufrir su primer y único desengaño sentimental ("Me costó muchos años, y luego lo presenté a varios premios porque no quería publicarlo así por así: necesitaba que alguien lo reconociera"), opina que la huella autobiográfica es especialmente marcada en la poesía, donde "uno no puede escribir sin dejar parte de su ser". Por lo que hace a la parte más oscura de la pasión, la venganza, es un sentimiento que ella no entiende: "Como decía Neruda, llega la hora de la venganza, y aún yo la amo".Confesión tardíaSí, yo hubiera esperado cada mañanapara secar tus pies con mis cabellos,esperar el llamado del agua hirviendosentir el olor del café pasadode las hojas de higolas aceitunas negras en botija,de las frutas secas,el crujir extraño del pan de maíz entre tus labiosver tus ojos reflejados en la tazatus dedos largos y fuertessobre el mantel blanco bordado de temores,y vestirte como a un hijoperdido e indefenso entre mis manospequeño e inciertopero siempre bajo la sombra de mis manos,y verte partir arrepentido de los amaneceresde dejarme sentada en mediode esta edificación abandonada y ruinosasola y desnudacon el hueco a tu lado de la camaahogándome entre sus sábanasaprisionada en una quimera impronunciada.Sí, yo hubiera dejado todolos libros empolvándose en un rincón de la casalas fotos derruidas por el tiempolos papeles perfumadosla agenda abarrotada de citaslos días eternos de estudiantepara esperar inerte en la ventana tu regresoy comenzar todo de nuevo,un juego sacramental preparado cada nocheante el candelabro solitario de la mesala comida humeante de calientey el peso de tu mano sobre la míaluego rendirme ante tu cuerpodesvestirte con los dientesarrancar los botones de tu camisacon la furia de una luna desbordaday quemar tu espalda con mis besosacostumbrarme a la humedad de tu cuerpoa tus oloresa tu saliva atrapada entre almohadasy tocarte con cuidadohaciendo tangibles las caricias suaves y vehementesa explorar las hendiduras de tu rostroa besar tus dedostus piestus piernastu total humanidad reventada ante mis ojos.Sí, yo hubiera renunciado a respirar otro aireotro mundo fuera del tuyohubiera aprendido a vivir con tus maníasa llevar en mi vientre crecienteel sello de nuestra vida juntosa convivir con los días matizadospor la rutina cotidianaa envejecer a tu ladoamándote con calma y con pacienciaa existir sumergidos entre nosotros mismosaprendiendo a reír con los parajes desiertosa reconocer el ruido de tus pasos lejanosy tu sonrisa colgada en mis macetas.Sí, yo hubiera hecho más de lo quemis propias fuerzas dierantan sólo si tú me lo hubieras pedido.